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Señor, Tú eres el verdadero pan bajado del Cielo. Te encuentras presente en el Santísimo Sacramento del Altar y haces vida en cada uno de nosotros.

Cuando me acerco a tu presencia a comulgar te encuentro vivo y resucitado, me hablas al corazón y lo moldeas para hacerlo más y más parecido al tuyo.

Tu alimento sagrado nutre mi espíritu y me da las fuerzas que necesito para continuar. Tú jamás defraudas y la llama de fuego de tu amor no se extingue.

La poderosa fuerza sanadora escondida en tu Eucaristía transforma mi vida y hace renacer la alegría que, con los golpes de la vida, había sentido perdida.

Te has donado a Ti mismo en la Eucaristía, la cumbre de tu amor, la exaltación de tu generosidad, para que quede yo inundado de tu vida divina.

A través de este Sacramento celestial quieres fundir tu alma con la mía al ritmo de los coros angelicales ayudándome a degustar el gozo de tu Reino.

Oh, Dios de amor, pan de vida eterna, alimento de salvación, ven y toma mi alma y hazme libre de falsas pasiones para que solo pueda seguirte a Ti.

Con tu gracia, ayúdame a disfrutar de este banquete sacramental que tan alegremente has dispuesto para todos los que te siguen y te aman. Amén